Las mejores cantinas/Polis y daifas juntos/Y reporteros

EMBARCADERO: Muchos años después, el viejito del pueblo resumía la vida de la siguiente manera… Las mejores cantinas, bares, antros, son los frecuentados por trabajadoras sexuales, policías y reporteros… El trío, las personas más finas y bonitas del planeta… De entrada, la más insólita igualdad económica, social y cultural… Luego, como todos son iguales se dan trato de iguales y nadie es más que el otro… Después, cortesanas, policías y periodistas son, suelen ser, las personas mejor informadas… Y en medio de las copas, la euforia y la alegría de estar juntos, intercambian información… Y entre todos se apoyan…

ROMPEOLAS: El viejito del pueblo llegó a la conclusión anterior en el último tramo de su vida cuando mirara hacia atrás como en una tarde sabatina en Ginebra, donde vivía exiliado, y el escritor Jorge Luis Borges se fue a un parque solitario, en medio del chipi chipi y la neblina, y el viejo Borges platicó con el joven Borges para revisar y calibrar y evaluar los días y los meses y los años vividos… En el caso del viejito recordó, por ejemplo, que durante muchos años cuando trabajara de reportero, el patrón, dueño del periódico, tenía montón de cantinas…

ASTILLEROS: Y el patrón siempre les pagaba los sábados con vales para intercambiarse en las cantinas aquellas y que significaban una emboscada… El reportero, lleno de buena voluntad, llegaba a la cantina para cobrar el vale y el mesero le ofrecía una cerveza… Y luego otra, con botanita… Y otra… Y después, cada reportero se iba empinando con más cervezas y el deseo de echar algo más fuerte al estómago, copas… Y cuando se daba cuenta, el reportero ya traía “jarra espantosa”…

ESCOLLERAS: Pero en aquellas cantinas, la clientela era singular… Una, mesalinas… Y dos, policías… Los bares estaban ubicados alrededor del mercado Unidad Veracruzana, tiempo cuando a una cuadra, la calle Guerrero era la zona roja del puerto jarocho, repleta de cuartitos de madera donde únicamente cabía una vieja cama para el servicio sexual ofrecido por las daifas… Aquellas chicas solían pasarse a las cantinas, digamos, en búsqueda de clientela cuando la clientela era baja, y que por lo regular… Y, claro, también llegaban policías, y con todo y el uniforme se metían y hasta se iban con las chicas a los cuartos de enfrente…

PLAZOLETA: Era una convivencia singular, fuera de serie… Y en donde, quizá, los ganones eran los reporteros de información general, pues tanto los elementos policiacos como las chicas les pasaban datos concretos y específicos de hechos exclusivos… Es más, los reporteros aquellos eran tan generosos que solían cambiar barajitas entre sí… Incluso, en un rincón de la cantina, el capitán de meseros había colocado una mesa con dos máquinas de escribir para que los periodistas
teclearan y desde ahí escribieran en medio del choque de copas y de las pláticas con gritos de las daifas y los policías… Una cantina del dueño del periódico se llamaba “La oficina”… Y en la madrugada, pues estaban abiertas las 24 horas del día, los clientes habituales eran los meseros, acompañados por las trabajadoras sexuales que apostaban a las madrugadas ardientes…

PALMERAS: Cantinas así fueron, y son, las mejores de la vida… Entonces, las cantinas estaban en competencia… En la primera cerveza ofrecían sabroso caldo de mariscos… En la segunda copa, otro caldo y una botanita… En la tercera, otro caldo y tacos con mariscos… Y de hecho y derecho, era un banquetazo para los reporteros, las daifas y los policías, suficientes para llenar el estómago al mediodía…

Malecón del Paseo
Luis Velázquez

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