Infierno migrante/Huir de la pobreza/Huir de la violencia

ESCALERAS: Pueblo huyendo de la miseria, la pobreza, la jodidez, el desempleo y la violencia, los migrantes de Veracruz, el país y de América Central (Guatemala, Honduras y San Salvador) a Estados Unidos tienen los siguientes destinos trágicos:
Uno. Luego del camino al Gólgota atravesando el país y para entrar a EU y enfrentando a los polleros, los policías y los carteles, la feroz persecución de la política migratoria.

PASAMANOS: Dos. Una vez establecidos, y luego de pasar, por ejemplo, un semestre, un año, dos meses sin regresar al pueblo de origen para estar con la familia, ni siquiera, vaya, en fin de año con todo y el programita de “Guadalupe Reyes”, conocen allá a una mujer, por lo regular de América Central, y empiezan a vivir y convivir con ella.
Tres. El desenlace resulta esperado. En tales circunstancias, los migrantes se olvidan de la familia primigenia, la esposa y los hijos y hasta de los padres ancianos que dependen de sus remesas, y construyen nueva vida, nueva pareja, nuevos hijos.
Y por añadidura, la terrible y espantosa desintegración familiar.

CORREDORES: Cuatro. Entonces, a veces, la esposa parte a EU a buscar al marido para aclarar paradas, porque con frecuencia, la pareja allá suspende el envío de la remesa mensual.
Y deja a los hijos con los abuelos, con riesgo de que tampoco ella regresa.
Cinco. Entonces, en ocasiones, los hijos de unos diez a quince años agarran camino y se incorporan a los ejércitos de niños de América Central y del país camino a EU para buscar a los padres.

BALCONES: Seis. Y en Estados Unidos, la policía migratoria tiene la orden de detener a los niños y encerrarlos en albergues, si bien les va, y en donde quedan sin identificar.
Pero, por lo regular, el destino final se desconoce como, por ejemplo, los más de cinco mil separados de sus padres ahora en la transición de Trump a Biden.
Siete. En el mejor de los casos, el migrante regresa un fin de año a casa, pero enfermo de VIH, pues ha estado uno, dos, tres años, sin relación sexual con la esposa, sin duda con relaciones con trabajadoras sexuales en el otro lado.
Y cuando llega al pueblo de regreso sostiene relaciones con la esposa y la contagia de SIDA.
Y el mundo se desbarata.

PASILLOS: Ocho. Entonces, el marido migrante sabe que tiene Sida. Y ha de vivir con su pareja original. Y someterse a tratamiento para ver si la libra.
Y durante meses y meses, vivir con la medicina en el buró para aplicársela en tiempo y forma, en tanto, la esposa igual.
Por lo pronto, la relación conyugal rota, descarrilada, sin esperanza.
Nueve. El migrante, de regreso a casa, pero con VIH, enfrenta el peor mundo familiar. Simplemente, sin un ingreso fijo, seguro, estable.
Y de ñapa, la esposa infectada.
El peor de los peores mundos.

VENTANAS: De acuerdo con los expertos, la migración tiene dos orígenes fundamentales.
Uno, la miseria y la pobreza, debido a una errática política económica.
Y dos, el oleaje de violencia con una inseguridad descarrilada, fallida política de seguridad pública.
Pueblos donde todos los días hay secuestros, desapariciones y asesinatos.
Al día de hoy, existen en Estados Unidos un millón de habitantes de Veracruz como migrantes, la mayoría, sin papeles. Y la mayoría con una escolaridad baja, apenas, apenitas de escuela primaria. Y la mayoría, empleados en trabajos informales, desde el campo hasta carpinteros, pintores, jardineros, meseros y cocineros.

Barandal
Luis Velázquez

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