Evidencia científica, clave para prevenir y disminuir desastres

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La humanidad se encuentra en constante peligro, ya sea por situaciones propias de la naturaleza como sismos, sequías, inundaciones, huracanes; o bien por acontecimientos ocasionados por el propio ser humano de manera voluntaria o no, entre ellos explosiones, incendios, derrames de sustancias tóxicas en mares y ríos. A esto se agrega la actual pandemia.

Con el fin de concienciar a los gobiernos y a la población de tomar medidas encaminadas a minimizar los riesgos, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas designó el 13 de octubre como el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres.

Según esta entidad, la Covid-19 y la emergencia climática advierten a la humanidad de la necesidad de contar con estrategias nacionales y locales que actúen en función de evidencia científica a favor del bien común, como acordaron los Estados Miembros de las Naciones Unidas en el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030.

Fue el primer acuerdo principal de la agenda de desarrollo posterior a 2015 que ofrece a los Estados Miembros una serie de acciones concretas a tomar en consideración para proteger los beneficios del desarrollo y la vida de las personas contra el riesgo de desastres.

El Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), creado el 6 de mayo de 1986, surgió como respuesta del gobierno al desastre desencadenado por los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985.

Irasema Alcántara Ayala, investigadora del Instituto de Geografía de la UNAM, afirma que “es necesario transitar de un sistema reactivo a uno preventivo en el que la política pública y la práctica vayan de la mano de los aportes de la ciencia, la tecnología y la ingeniería”.

Diversos esfuerzos inter y transdisciplinarios coordinados por algunos expertos de la UNAM, mediante foros de discusión, aluden a la necesidad de transformar el Sistema Nacional de Protección Civil actual en un Sistema Nacional para la Gestión Integral de Riesgos de Desastres.

Las experiencias, recursos, bienes, capacidades, potencialidades y requerimientos en materia de bienestar social, son ineludibles e insustituibles para la gestión de riesgos y prevención de desastres.

Asimismo, las estrategias de GIRD deben impedir la construcción de nuevos riesgos y la amplificación de los existentes, a partir del desarrollo de competencias institucionales que garanticen la configuración de ciudades, comunidades y territorios capaces de repensar el espacio y no construir o reconstruir el riesgo.

A su vez, Xyoli Pérez Campos, jefa del Servicio Sismológico Nacional, comenta que “en los comités científicos asesores lo que se busca es identificar esas necesidades del país y en los cuales, con base en la ciencia, se pueda incidir y modificar alguna política pública que contribuya a que México esté mejor preparado ante los fenómenos que ponen a sus habitantes en un nivel de vulnerabilidad o de riesgo latente”.

La jefa de sismología, considera que “de 1985 a la fecha hay avances, pero aún falta por hacer ya que se debe trabajar en la parte preventiva con base en el conocimiento, y por eso es relevante la interacción directa entre científicos, políticos y población, a fin de delinear las políticas que ayudarán a evitar los desastres”.

Para lograr una comunicación pública de la ciencia en temas sobre riesgo, expresa que es primordial la articulación entre el conocimiento científico y los escenarios concretos en los que las personas, incluidos servidores públicos, toman sus decisiones cotidianas.

La especialista, enfatiza que “la UNAM genera conocimiento de punta en beneficio de la sociedad. Por ello es necesario romper la barrera y hacer que la ciencia esté en la vida de las personas y en las decisiones públicas a través de procesos serios de comunicación de la ciencia; en esa tarea las ciencias sociales y las humanidades son un apoyo fundamental”.

Agencias/México

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