Divorcios multiplicados/Fracaso del matrimonio/Desintegración familiar

LUIS VELÁZQUEZ

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ESCALERAS: Cada vez que una pareja se divorcia significa el fracaso de la política social y moral. Es la historia de la señora R y el señor E. La semana anterior se separaron. 3 hijos de por medio. Ya desde antes, la desintegración familiar.

Fracaso de la secretaría de Desarrollo Social y del DIF y de las iglesias y de las ONG ocupadas de la epístola de Melchor Ocampo de que el matrimonio ha de durar “hasta que la muerte los separe”.

PASAMANOS: Durante veinte años, la señora R y el señor E fueron pareja. Juntos lucharon para ser y estar.
Ninguno, sin embargo, registró el tiempo cuando el desencanto como pareja empezó a minar la relación.
Quizá el aburrimiento y la monotonía. Acaso la infidelidad. Quizá la intolerancia. Acaso, que como ambos ya habían tenido pareja, esperaban más.

Quizá, debido a la pobreza en que el señor E. tenía a la señora R. Acaso a que el señor E. es un hombre callado y pocas, excepciones ocasiones platicaba con ella. Quizá, la falta de emociones.

CORREDORES: Cada vez, dice un estudio oficial, el divorcio sigue ganando la batalla al matrimonio. El número de parejas divorciadas y separadas se incrementa.

Incluso, el sicólogo del barrio dice que el estado civil normal es el divorcio. Los matrimonios, es decir, las parejas felices, mejor dicho, en armonía, incluso, armonía institucional, son menos.

Al paso que vamos, el matrimonio se convertirá en un estado de excepción. Con el tiempo, quizá ya, será considerado la octava maravilla del mundo.

La mala vibra y el peor karma con la profecía bíblica. “Lo que Dios une para siempre”, los imponderables de la vida lo separa.

BALCONES: La señora R. agarró camino. Se fue al otro extremo del país con los hijos del primer matrimonio. Y de los tres hijos con el señor E., solo uno fue con ella. El menor. Los demás, prefirieron al padre.

El padre quedó a vivir aquí. Es trabajador informal. Mecánico en un taller en la colonia popular. Ahora, contrató a una señora para cuidar del par de hijos menores y dar de comer a todos y mantener limpia la casa y lavar y planchar la ropa.

La señora lleva y trae a los niños a la escuela. El padre sale de casa a las 7 de la mañana para estar una hora después en el taller y regresa hacia las 7 de la noche.

La desintegración familiar, en su más alto decibel. Los hijos, pagando las consecuencias.

PASILLOS: La señora R. y el señor E. van en el segundo fracaso matrimonial. Bien dicen, la pareja conyugal es como un juego de la ruleta. Un amigo iba en el cuarto matrimonio. Y seguía de infiel. La esposa lo descubrió en nueva aventura. El marido se justificó de la siguiente manera:
“¡Perdóname, no he madurado!”.

VENTANAS: El sicólogo dice que el mayor número de divorcios se está dando entre las parejas jóvenes. Se casan entre los 20 y 25 años, sin ninguna experiencia en el juego de la vida. Y como la vida en pareja exige tolerancia total y absoluta por encima de todo, entonces, poco a poco “van llenando el vaso” hasta reventar.

Y lo más fácil es la ruptura. Así tengan uno o dos hijos. Saben que por lo regular, en la casa paterna son bien recibidos.

Ni hablar, “la vida es así y qué le vamos a hacer” exclama un personaje novelesco de Carlos Fuentes Macías.

Barandal/Luis Velázquez

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