Carnaval virtual

El ramalazo a la economía local es sin precedente. Con el carnaval jarocho virtual, el comercio, hoteles, restaurantes, bares y antros, entre otros, dejarán de percibir trescientos millones de pesos. Quizá, el peor golpe a la vida productiva en el tiempo del COVID. Once meses que llevamos.

Por fortuna, la prudencia y la mesura se impusieron. A diferencia, digamos, de Xico, donde la presidenta municipal de cualquier forma aprobó la festividad religiosa con su verdad universal. “De cualquier forma, morirán”, dijo.

En otras latitudes, sin embargo, también los festivales populares y religiosos por Internet. El último caso, la fiesta de las Candelarias, entre otros, en Tlacotalpan y Soledad de Doblado.

Los días, cada vez más endurecidos. Y de pronóstico reservado. Nadie sabe, ni siquiera, vaya, los epidemiólogos, menos, muchos menos, las tribus políticas, la fecha aproximada cuando el COVID sea controlado…, si es que llegara a.

Y como todas las pandemias del mundo se presentan con la recesión como su hermana gemela, sórdida, siniestra y sombría, entonces, el daño se vuelve imprevisible.

Primero, el quiebre de las empresas, negocios, comercios, changarros, fábricas e industrias.

En automático, el reajuste de personal con el despido laboral.

Nadie se equivocaría si mirara un ejército de desempleados por todos lados del mundo debido a la recesión y el COVID.

Por eso, el carnaval jarocho virtual pegará más duro que nunca. Falta ver, por ejemplo, si el carnaval de Río de Janeiro también es virtual.

Y aun cuando los prestadores de servicios turísticos se indignan, por encima de la desesperación económica y social está salvaguardar la vida humana, hasta donde es posible.

Bastaría referir que, con el rebrote, la tragedia epidemiológica se ha recrudecido.

Por ejemplo, hay familias completas contagiadas. Peor aún, familias donde el padre ha muerto por la pandemia e infectado a la esposa y los hijos.

Es más, el consuelo religioso de poco sirve en estas horas tan sombrías, adversas, duras y rudas.

Cierto, en todas las regiones del mundo que han sufrido pandemias, el virus y la recesión van de la mano.

Ahora, sin embargo, nos ha tocado. Y sin caer en terrorismo, hemos de tomar conciencia de la realidad y esperar lo peor entre lo peor.

Y es que si de pronto, la ciencia médica logra superar el infortunio, entonces, seremos más felices que nunca.

NUEVA FORMA DE VIVIR

El carnaval jarocho será virtual. De hecho y derecho, como si viéramos en la tele el carnaval de Brasil. El carnaval de África, la raíz de la pachanga universal.

¡Jodidos, ni modo, los servicios turísticos! Pero es la nueva forma de vivir. Y aun cuando la gente se está dando confianza y anda en la calle en la vida normal (llenos muchos restaurantes y cantinas, llenos los moteles), cada quien actúa según su criterio personal.

Un señor de la séptima década reviraba a la familia: “Hierba mala… nunca muere”.

Y seguía con el cafecito con los amigos y a veces, una que otra copita en el bar.

Murió la semana anterior.

Pudiera escribirse que las familias tienen un pariente, un compadre, un vecino, un conocido, mínimo, fallecidos por el COVID. Vecinos en cuarentena y a quienes les pegó duro y tupido porque la mayor parte, incluidas las trabajadoras domésticas, están contagiadas.

Van meses sin que podamos ver ni desde lejos a los vecinos, todos, más que encerrados en casa, encuartelados.

Ni siquiera, vaya, asomarse a la calle para distraerse. Valiente, muy valiente, el voceador que reparte el periódico de casa en casa, protegido, más que con cubre-bocas, con una toalla gigantesca que le da tres vueltas a su cara.

Desde hace meses, las personas sabemos de los familiares a través de los correos electrónicos, la única forma de quererse.
Y aun cuando en muchos casos, los amigos y los padres de los amigos han fallecido, el pésame ha sido dado a través del whatsapp.

Y ni modo que con la vida así, lanzar el carnaval jarocho de manera presencial.

CHACHALACAS DEL COVID

Familias con parientes desempleados.

Hogares con una baja terrible en el ingreso económico quincenal.

Familias “apretándose el cinturón” para llegar a la quincena.

Hogares solicitando préstamos, digamos, a familiares en condiciones favorables, o en todo caso, hasta créditos bancarios.

Cada vez, más comercios quebrados y cerrados de manera definitiva, con lo que las ilusiones de años se han ido por las cañerías.

Y por consiguiente, un desempleo galopante jamás imaginado.

Incluso, los gobernadores han dejado de ser las tribus políticas de la obra de infraestructura, la carretera, el agua potable, el alcantarillado, el gran edificio escolar, y son los funcionarios públicos del COVID.

Peor tantito si se considera que en muchas latitudes geográficas aseguran que México está en el peor ranking mundial de una política epidemiológica errónea.

Por ahora, el carnaval jarocho será virtual. Y allá cada familia, cada tribu de amigos, si organiza su propio carnaval como los niños con su piyamada los fines de semana.

El rebrote trae noticias más canijas y por más que en el palenque público los políticos en el poder “se desgarren las vestiduras” aventurando una fecha para recuperar la tranquilidad y la paz perdida, simple y llanamente, son unos merolicos, unas chachalacas, unos farsantes, “unos tomadores de pelo”.

Expediente 2021
Luis Velázquez

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