Cacería humana

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La peor tragedia humanitaria del mundo se está dando en el mundo y la punta del iceberg llega a América Central (Honduras, Guatemala y Salvador) y de forma ruda y dura incide en México. Sin ninguna duda, en Veracruz.

La orden de Donald Trump expedida al inicio del mandato presidencial sigue causando estragos. En la lucha contra los migrantes decidió separar a los niños, hijos de indocumentados, de sus padres.

Incluso, hasta creó cárceles especiales para los menores. Centros infantiles de detención les llamaron.

La policía migratoria cumple la orden “al pie de la letra”. Antes, mucho antes, cazaban migrantes tanto a la hora de cruzar el río Bravo como caminando por el desierto. Y desde luego, en las ciudades norteamericanas.

Cacería humana sórdida, siniestra y sombría cuando, por ejemplo, en la calle miraban a una persona que caminaba como migrante y miraba como migrante y vestía como migrante y luego luego, a detenerlo. Y encarcelarlo. Y repatriarlo.

Ahora, la cacería es contra los niños. Incluso, hasta bebés. En muchos casos, la migra secuestra a los niños hasta en las iglesias y los templos. A otros, a la salida de la escuela.

Y, claro, nada peor en la vida de una familia, una madre, un padre, que separar a los niños de los padres.

Incapaz la Casa Blanca de frenar la migración (una migración originada, primero, por la violencia, y segundo, por la miseria, la pobreza y el hambre), entonces, se van contra los niños.

Es el peor tiempo en la historia de Estados Unidos, un país fundado por migrantes.

NIÑOS CAZADOS EN LA FRONTERA NORTE

Hacia el mes de julio del año 2017, el trascendido era de 5 mil 400 niños separados de sus padres y en la frontera norte de EU con México, minutos después de que los padres con los hijos entraban al país vecino.

Enrique Peña Nieto, entonces, el Señor Presidente de México.

Y de los 5 mil 400 niños detenidos, unos 207 eran menores de 5 años.

Menores de 5 años, De un año de edad, veinte niños. De dos años, cuarenta. De tres años, 76. Y de 4 años, sesenta y seis.

Hacia el mes de mayo del año 2018, 2 mil 300 niños separados de sus padres, con tanta saña y barbarie, arrancados de los brazos de las madres en la frontera norte, que las ONG compararon a Donald Trump con la Alemania de Adolf Hitler.

Hacia el mes de agosto del año 2019, el número de niños separados de sus padres y en la frontera norte de EU con México era de quinientos 45. Sus padres, deportados. Los niños, retenidos como medida de presión sentimental, emocional, sicológica.

Incluso, una madre, de origen guatemalteca, demandó por la vía penal a Trump por separarla de su hijo bebé.

Son niños centroamericanos, cuyos padres huyen de los carteles y cartelitos, de los Maras y de la pinche miseria y pobreza donde en vez de morir de inanición millón de veces prefieren lanzarse a la aventura intrépida y audaz, riesgosa y temerosa de viajar a EU cruzando México (Veracruz, el peor paso en el país para todos ellos).

Pero también, en la lista de los niños separados hay menores mexicanos. Y “veinte y las malas”, niños originarios de Veracruz, si es que pudiera precisarlo la dirección de Asuntos Migratorios de la secretaría General de Gobierno.

La peor cacería humana de todos los tiempos en el siglo XXI.

ADOLF HITLER EN ESTADOS UNIDOS

La migración a Estados Unidos comenzó en el Porfiriato. Fue cuando EU abrió la puerta laboral para contratar mano de obra barata para la construcción del ferrocarril. Entonces, todos felices, porque nunca existió represión de por medio.

Y más de ciento veinte años después, la migración recrudecida y enfrentando una cacería sin precedente porque está yendo contra los niños y en donde tanto sufren los niños como los padres y el resto de familiares.

Los centros de detención, viles cárceles, convertidos en unos campos de concentración al mejor estilo sórdido y siniestro de Hitler en Alemania y el resto de Europa, José Stalin en Rusia, Benito Mussolini en Italia, Francisco Franco en España, Rafael Leónides Trujillo en la República Dominicana, Anastacio Somoza en Nicaragua, Jorge Videla en Argentina y Fidel Castro en Cuba, entre tantos otros.

En Uganda, el dictador Idi Amin, con sus campos de concentración, decía a las mujeres.

“Me amas o te mato”.

En el fondo, la errática política económica y social.

Hay migración, primero, porque el gobierno es incapaz de alentar la creación de empleos para la población, sobre todo, para los pobres, y arraigarlos en sus pueblos.

Segundo, porque podrán existir oportunidades laborales, pero con horarios extenuantes y un trabajo físico implacable y salarios bajos, insultantes, de hambre.

Y tercero, porque el oleaje de violencia es incontrolable ante el principio de Peter de la autoridad y los carteles y las pandillas parecen tener, o de plano, tienen, todas las pelotas en la mano y ellos manejan el volante a su gusto.

En conjunto, tierra fértil para que Trump haga y deshaga de acuerdo con su mesianismo y separe a los niños de sus padres.

Los centros de detención, viles cárceles, convertidos en unos campos de concentración al mejor estilo sórdido y siniestro de Hitler en Alemania, Stalin en Rusia, Mussolini en Italia, Francisco Franco en España, y Fidel Castro en Cuba, entre tantos otros.

Luis Velázquez/Expediente 2020

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