50 años de un fotógrafo/Idealista y soñador/Abdón Almanza Luna

LUIS VELÁZQUEZ

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ESCALERAS: El fotógrafo Abdón Almanza Luna es una leyenda. Más de cincuenta años en el gremio reporteril. Una vida contando historias. Ha hecho lo que ha podido. Lo más importante, vivir. Vivir en reposo y con prudencia y mesura. Y tolerancia. Un carácter apacible y tranquilo. Sin comprar pleito. Ni meterse en las patas de los caballos.

Caminó por varios periódicos, historia de vida de un periodista que es. Estuvo en La Noticia, La Nación, El Dictamen y Notiver…, hasta desembarcar en “El boqueño”.

PASAMANOS: En un momento estelar, igualito que la mayor parte de los trabajadores de la información, soñó con un medio propio. Entonces, y partiendo de cero, alentado por su fe, lanzó un periódico. Se llama “El boqueño” que tiene como epicentro Boca del Río, donde un tiempo fue fotógrafo en el Ayuntamiento.

El mismo reportea y escribe. Él toma las fotos y selecciona y escribe los pies de grabados. El mismo diseña. El mismo imprime. El mismo distribuye y circula. El mismo vende los anuncios comerciales. Él mismo cobra. El administra las carencias.
Años después, apoyado por los hijos.

CORREDORES: De algún modo, y a cada quien lo suyo, recuerda a Bartolomé Padilla con su periódico “Consenso” donde era el hombre universal, pues también a todo le hacía. Incluso, lo imprimía en la Ciudad de México y se lo echaba al hombro de la imprenta a la Tapo y luego, aquí, en la ciudad jarocha, lo distribuía de estanquillo.

Abdón Almanza es un hombre solitario. Nunca en los 50 años se le ha visto, por ejemplo, en un desliz etílico. Nunca fuma. Acaso, calambres en el corazón amoroso.

BALCONES: Vive con la medianía del salario reporteril. Parece, en una colonia popular, donde como nunca pudo comprar, o quiso, un automóvil, se traslada en autobús urbano de pasajeros o en taxi, según la premura.

Muchos años de su vida cubriendo el aeropuerto Heriberto Jara. El movimiento de pasajeros.
Y si un colega necesita unas gráficas es generoso. Las toma y nunca cobra un centavo. “Somos amigos” dice y se retira a su chamba. Y da palmazo cariñoso en la espalda o el hombro.

PASILLOS: Días anteriores, alguien por ahí publicó en facebook su muerte. Nunca el dato fue confirmado y fue tomado por un reportero local. Y lo publicaron. Y hasta en portada, dada, digamos, su vida profesional y don de gentes y los amigos cultivados en el oficio.

Entonces, un par de nietas “aclararon paradas”, el abuelo está vivo, chambeando, haciendo lo que desde hace más de 50, 60 años quizá: contar historias a través de la cámara fotográfica.
Hoy miércoles, parece, un grupo de reporteros le ofrecerá un desayuno. En las redes sociales le garantizaron más vida.

VENTANAS: Abdón Almanza forma parte de la generación del siglo anterior. Muchos colegas se han ido.
Y mientras los boxeadores, los futbolistas y los beisbolistas, entre otros, se retiran y jubilan, incluso, los escritores cuando les cae el Alzheimer, los trabajadores de la información sueñan con seguir contando historias un segundo antes de morir.

Almanza está en el frente de batalla. Se mantiene. Con todo, y gracias a su periódico, “El boqueño” ha conservado su libertad, lo más importante en la vida de un reportero, un fotógrafo, un camarógrafo.

Además, en su historia se conjuga la verdad universal. Los mejores reporteros se forman en la calle y en la sala de redacción, oliendo la tinta todas las noches y volviéndose un adicto del ruido de la rotativa imprimiendo a velocidad insólita la edición de cada amanecer.

Barandal
Luis Velázquez

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