Luis Velázquez

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EMBARCADERO: El mejor regalo a un hijo, dice un amigo reportero ya jubilado, es una brújula que siempre los lleve en el camino… Cada año, él sigue obsequiando un trío de brújulas a sus hijos y ellos tienen una gigantesca colección que bien pudieran integrar un museo… Incluso, tienen brújulas diminutas que las mujeres suelen cargar en la bolsa de mano y los hombres en la bolsa de la camisa… Incluso, el símbolo con que ellos se identifican es una brújula… La cargan y utilizan como el marinero en noche huracanada…

ROMPEOLAS: Antes, mucho antes, el amigo decía que la mejor herencia a los hijos es una carrera profesional… Luego, cuando miró la reñida competencia laboral dijo que una maestría y después que un doctorado… Entonces, cuando tuvo conciencia de la lucha en el palenque laboral dijo que nada como una brújula para reorientarse cuando el camino lo sientan perdido… Y cosas de la fe y la esperanza, la brújula ha funcionado…

ASTILLEROS: Otro amigo prefiere regalar elefantes a los hijos… Dice que los elefantes son los animales más prudentes de la selva, más fríos y calculadores, más pacientes… Son tan sabios, dice, que cuando se quedan petrificados en realidad están cavilando dando vuelta a sus emociones y percepciones, mejor dicho, al instinto para dar el siguiente paso… Mejor todavía: son tan sabios que cuando sienten la muerte cercana se retiran de la manada y en la selva buscan la cueva más apartada y confinarse y esperar la muerte… Ellos saben, huelen, olfatean que su tiempo ya se cumplió y es hora de dar la oportunidad a los nuevos elefantes…

ESCOLLERAS: Otro amigo regala figuras de porcelana de topos a los hijos… El topo de Carlos Marx, su figura simbólica para enaltecer que la cualidad más importante en la vida es la frialdad humana con que se sienten, perciben, miran y piensan todas las circunstancias… Carlos Marx decía que el topo, que suele vivir en el subsuelo, de pronto, escarba y se asoma a la superficie de la tierra… Y si olfatea tiempo y vientos favorables, entonces, sale de su escondite… Y si siente que los vientos son huracanados, entonces, vuelve a hundirse en la tierra y seguir esperando…

PLAZOLETA: El mejor regalo al escritor Carlos Monsiváis en la infancia lo recibió de su señora madre… Ella le obsequió una Biblia, pero, además, la indujo a que todos los días la leyera… La forma de contar historias, historias deslumbrantes, alucinó y sedujo al niño de 7 años… Y cuando cumplió los 9 años, Monsiváis había leído la Biblia completa… Incluso, aprendido de memoria montón de páginas… Más aún: desde los diez años de edad solía leer la Biblia una vez cada año y se la sabía al derecho y al revés… En sus novelas y cuentos, Ernest Hemingway, Francis Scott Fitzgerald, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes hacían citas de la Biblia…

PALMERAS: El regalo más fascinante al niño Rafael Guízar y Valencia se lo hizo su señora madre… Un rosario elaborado con hojitas de maíz, la artesanía indígena de su tiempo y todos los días rezaba, igual, igualito que el Sumo Pontífice, Juan Pablo II, quien solía orar ocho horas diarias, hincado, en su capilla en la Basílica… En sus giras en las regiones étnicas de Veracruz, Guízar y Valencia siempre cargaba aquel rosario de su señora madre y de pronto se sumía en el silencio y nadie lo interrumpía porque rezaba…

Malecón del Paseo
Luis Velázquez

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