PANORAMA GEOPOLÍTICO
Las imágenes en las redes sociales de cientos de marroquíes invadiendo el enclave de Ceuta en el norte de África han causado una de las crisis mediáticas más graves para el gobierno de Pedro Sánchez. En menos de 24 horas, 60 mil personas entraron de manera ilegal, resultando en la mayor crisis migratoria de la región desde 2021. Al menos 41 migrantes fallecieron intentando cruzar.
Sobran las teorías conspirativas en internet, pero la realidad es mucho más compleja. La relación entre la monarquía marroquí y el gobierno español juega un papel importante en lo ocurrido, y no es la primera vez.
En mayo de 2021, España permitió la entrada del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para recibir tratamiento médico. El Frente Polisario es el movimiento independentista que representa al pueblo saharaui y que desde 1975 lucha por la independencia y autodeterminación del Sáhara Occidental, un territorio que Marruecos ocupa y reclama como propio. Esto fue leído como un respaldo político a la causa saharaui y una ofensa para la monarquía marroquí, que de inmediato relajó sus controles fronterizos, provocando el cruce de más de 10 mil personas a Ceuta.
En 2026, los motivos para otra crisis sobran. Hace unas semanas, Sánchez viajó a Argelia (el gran rival regional de Marruecos), país que rompió relaciones con España en 2022 precisamente por el apoyo al plan marroquí del Sáhara, en un viaje que se interpretó como el fin de cuatro años de distanciamiento diplomático. Argelia es uno de los principales proveedores de gas de España y un socio estratégico en el Mediterráneo. Es importante señalar que tanto España como Marruecos han negado cualquier relación entre la crisis actual y el viaje de Pedro Sánchez. Aunque las casualidades no existen en la geopolítica.
UN REFLEJO DE EUROPA
Las consecuencias no se hicieron esperar: Italia suspendió el acuerdo Schengen con España, una medida drástica entre socios de la Unión Europea. La Casa Blanca no perdió la oportunidad de politizar la crisis, relacionándola con las “políticas globalistas de extrema izquierda” del gobierno de Sánchez. Y en Bruselas, la Comisión Europea se apuró a confirmar que ningún migrante logró cruzar hacia el resto del continente.
Es un tema crítico que está causando una realineación política continental. Reino Unido, Francia, España, Italia y Alemania son sólo algunos ejemplos de un cambio en la retórica migratoria que trasciende el partidismo. Derecha e izquierda, la mayoría de los europeos no está de acuerdo con la migración masiva a sus países. Particularmente cuando el shock cultural es tan grande que se vuelve un obstáculo inamovible para lograr la integración social pacífica. En todas las mediciones y a través de las fronteras, los europeos claman por una política migratoria más estricta. La migración masiva como parche para cifras demográficas y económicas en caída libre no está funcionando.
Es por esto que el golpe a Pedro Sánchez es grave. En un año en el que los escándalos de corrupción han alcanzado hasta las más altas esferas de su gobierno (su propia esposa, Begoña Gómez, y su hermano David Sánchez están imputados o bajo investigación judicial, junto con figuras clave de su círculo más cercano), una crisis migratoria es lo que menos necesita. Las encuestas apuntan a un derrumbe de su popularidad y a un avance de la centroderecha en todo el país.
Sánchez no es ningún santo. La corrupción y el nepotismo han caracterizado a su gobierno en los últimos años, y el descontento de los españoles es cada vez mayor. Pero, dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, y en el caso de la crisis actual, algo huele mal.
Por: Luis Roberto Chagra
El Diario de Minatitlán