El Genio de Brooklyn aparece

En la sexta partida fue cuando Robert Fischer se presentó en el Match por el campeonato mundial de Ajedrez de 1972.

Ya desde el comienzo, Bobby sorprendió, estaba jugando un Gambito de Dama, apertura que no había usado al menos en partidas importantes.

No parecía lógico que Bobby se arriesgase a usar una novedad cuando se enfrentaba al campeón del mundo en un momento crucial.

Pero para asombro de todos y de Spassky, Fischer se estaba saliendo del guión previsto.

Esta vez, su plan era perfecto, aunque sobre el tablero, no parecía ocurrir gran cosa, no se percibía ninguna jugada que dejase boquiabierto a nadie y aun así, hacia el final, fue evidente que Boris estaba perdido.

Como en sus mejores tiempos, las piezas de Bobby, inspiradas por su magia, llegaban al lugar indicado en el momento justo.

Las piezas de Spassky solo podían contemplar el temporal que se le venía encima.

Sin grandes alardes en ataque, limitándose a desplegar un sentido de la armonía que tanto admiraban sus seguidores e incluso sus rivales, un Fischer rayando en la perfección inhabilitaba las opciones del adversario.

Sobre el tablero, esas decisiones tácticas, aquellos regalos envenenados habían dejado completamente indefenso al rey del campeón.

Una serie de maniobras de apariencia rutinaria, dirigidas por el agudo sentido sinfónico de Bobby, habían bastado.

Quizá el juego de Fischer no era tan fácil de leer ni tan previsible como Boris había afirmado siempre, incluso en público.

Poco a poco, jugada a jugada, la posición de Spassky fue atenazada, estrangulada y finalmente inutilizada, es la mejor partida de Bobby en toda la final.

Por descontado, fue la partida en la que más se pareció al Fischer titánico de 1970-71, aquella aplanadora que, sin espectaculares ataques, desangraba a sus rivales sin asomo de piedad.

Boris Spassky se rindió ante lo inevitable, después de aquella brillantísima exhibición, por primera vez en la final, el público se puso en pie para ovacionar al estadounidense.

Fischer había jugado como Fischer, ¡por fin! y Spassky se puso en pie y aplaudió también.

Bobby asombrado, le estrechó la mano a su rival y se marchó rápidamente, como era costumbre, aunque esta vez, al meterse entre bastidores, dijo a los que tenía cerca:

«¿Habéis visto lo que ha hecho? ¡Es un tipo con clase!».

El marcador estaba ahora 3’5 a 2’5 para Fischer, en cuatro partidas había dado la vuelta a un desastroso inicio.

BLANCAS: R FISCHER

NEGRAS: B SPASSKY

1.c4 e6 2. Cf3 d5 3. d4 Cf6 4. Cc3 Ae7 5. Ag5 0-0 6. e3 h6 7. Ah4 b6 8. cxd5 Cxd5 9. Axe7 Dxe7 10. Cxd5 exd5 11. Tc1 Ae6 12. Da4 c5 13. Da3 Tc8 14. Ab5 a6 15. dxc5 bxc5 16. 0-0 Ta7 17. Ae2 Cd7 18. Cd4 Df8 19. Cxe6 fxe6 (diagrama) 20. e4 d4 21. f4 De7 22. e5 Tb8 23. Ac4 Rh8 24. Dh3 Cf8 25. b3 a5 26. f5 exf5 27. Txf5 Ch7 28. Tcf1 Dd8 29. Dg3 Te7 30. h4 Tbb7 31. e6 Tbc7 32. De5 De8 33. a4 Dd8 34. T1f2 De8 35. T2f3 Dd8 36. Ad3 De8 37. De4 Cf6 38. Txf6 gxf6 39. Txf6 Rg8 40. Ac4 Rh8 41. Df4 … 1-0

Por: Antonio Aceves

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