PANORAMA GEOPOLÍTICO
Frente a la inminente revisión del T-MEC, el ruido alrededor de la renegociación está tomando un tono más preocupante desde Washington. Con la ligereza de quien opera en perpetua campaña, Donald Trump declaró que no sabe si renovará el acuerdo porque Estados Unidos “no necesita nada” de Canadá o México. Ante este escenario, la pregunta que deberíamos plantearnos es: ¿se trata de una simple estrategia de presión o estamos ante una amenaza genuina?
México debe asumir que se trata de ambas. Enfrentar el problema requiere cálculo estratégico sin pánico diplomático. Marcelo Ebrard tendrá que hacer una labor de convencimiento monumental. Afirmar que la mayor economía del planeta no requiere a sus vecinos no va con los datos duros: las cadenas de suministro norteamericanas son parte esencial de la estrategia económica y de seguridad nacional de los Estados Unidos. Nadie puede reemplazar la ventaja geográfica que México posee. Dañar las cadenas de suministro automotriz, aeroespacial o electrónica causaría un daño severo a las plantas de Michigan, Ohio y Texas.
A esto habría que sumar la cuota indispensable de México en la seguridad alimentaria estadounidense y, por supuesto, el rol geopolítico de la alianza norteamericana frente a China. Sin la eventual consolidación de Norteamérica a través del nearshoring, Washington no podrá competir contra el gigante asiático y su cada vez más alarmante presencia en los mercados europeo y latinoamericano.
El manual de negociación de Donald Trump es, en esencia, transaccional. Las concesiones serán varias, y lo que suene más atractivo en los titulares también importará, particularmente en el contexto de las elecciones intermedias de noviembre. Dinamitar el tratado comercial más importante del continente no es una buena estrategia electoral.
Sin embargo, tampoco habría que ignorarlo: la retórica puede transformarse en realidad. La incertidumbre que emana de sus declaraciones tiene un propósito claro. Además, ya nos demostró en el pasado que no le tiembla la mano para eludir a la Organización Mundial del Comercio y usar la “seguridad nacional” como pretexto para imponer aranceles unilaterales. La integración del continente no es una cortesía, es un seguro de supervivencia mutua.
Como lo he mencionado en reflexiones anteriores, la mejor estrategia para México es un marco legal claro y la demostración de un Estado de derecho funcional. Al final del día, las estrategias de presión electoral tienen fecha de caducidad, pero la interdependencia geográfica y económica es para siempre. El T-MEC sobrevivirá solo si la delegación mexicana llega a la mesa preparada para defenderlo con estrategia, no con improvisación.
Por: Luis Roberto Chagra
El Diario de Minatitlán