PANORAMA GEOPOLÍTICO
El pacto que salvó a Colombia también la condenó. En uno de sus periodos más sangrientos, el Frente Nacional de 1958 salvó al país de caer en una espiral de desestabilización y violencia política. Liberales y conservadores se turnaron el poder durante 16 años para evitar más muertes y crisis políticas. El pacto funcionó para estabilizar, pero excluyó a una parte del electorado colombiano que no se identificaba con el centro ni con la derecha. La izquierda colombiana nació política y electoralmente marginada por el diseño institucional del mismo pacto que pacificó al país por un tiempo. Que Petro haya llegado al poder en 2022 no es solo una elección: es el fin de ese pacto de exclusión.
LA ELECCIÓN MÁS IMPORTANTE
Este domingo se llevarán a cabo las elecciones más importantes para el continente. Uno de los últimos bastiones de la izquierda latinoamericana podría caer, confirmando la tendencia que la región ha visto desde el año pasado. Colombia irá a las urnas a elegir si el país regresa a la lógica del poder concentrado. El continuismo del petrismo y la izquierda populista, la derecha populista y la derecha uribista están en la boleta. Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia se enfrentarán en lo que pinta a ser una primera vuelta reñida, sin un ganador absoluto.
CANDIDATURAS POLÉMICAS
Gustavo Petro es el primer presidente colombiano de izquierda, con claroscuros, escándalos y un éxito económico moderado. Políticas como el aumento del salario mínimo han reducido la pobreza a niveles históricos. Sin embargo, su gestión no logró desmantelar del todo las viejas estructuras y se ha visto manchada por crisis internas, un país fragmentado y casos de corrupción en todos los niveles. Los escándalos han alcanzado hasta al hijo del presidente, quien fue declarado culpable de recibir dinero del narcotráfico para financiar la campaña de su padre. Es precisamente en esta grieta de insatisfacción y expectativas a medias donde se inserta la contienda actual: una campaña recrudecida por la violencia que pone sobre la mesa tres visiones de país diametralmente opuestas.
Por un lado, Iván Cepeda asume el reto de consolidar y continuar el proyecto del Pacto Histórico. Su candidatura lidera las encuestas, pero no le alcanza para ganar en primera vuelta. Cepeda busca mantener cohesionada a una izquierda que ya no encuentra cómo defender su postura anticorrupción y que ha perdido la novedad del proyecto político original.
Abelardo de la Espriella ha sido el gran disruptor del escenario político colombiano. En los últimos meses ha sabido canalizar el descontento a través de un populismo de mano dura —emulando a Nayib Bukele en El Salvador—, con un enfoque de reducción del Estado y un estilo confrontacional ante la violencia y el crimen que resuena con fuerza, precisamente por el fracaso de Petro ante esa problemática.
Paloma Valencia, por su parte, representa a la derecha uribista tradicional, que hoy parece desinflada frente al fenómeno De la Espriella. En un lejano tercer lugar, el uribismo no parece tener la fuerza de antes y enfrenta una crisis de identidad. No se muestra capaz de frenar a la nueva derecha populista, en parte porque no ha logrado diferenciarse de ella; parece, más bien, una “derecha light”.
DIFÍCIL DECISIÓN
Más allá del panorama interno, el resultado de esta elección redefinirá la proyección de Colombia en la región y cambiará la dinámica de poder en América Latina. Quien gane tendrá que decidir si continúa con la agenda ambiental y los diálogos de paz de Petro, así como con la rebeldía ante el injerencismo externo, o si prioriza un enfoque de política exterior más duro, defensivo y transaccional, alineado con Estados Unidos y emulando, de nuevo, el espejo salvadoreño. De ganar la derecha, México y Brasil serían las excepciones en la región. Un escenario que nadie hubiera visto venir hace seis años.
Colombia no decide sola este domingo. Es una elección clave para la reconfiguración latinoamericana, y es de gran interés para los poderes que hoy se disputan la región. Todos tienen los ojos puestos en Bogotá. Lo que decidan sus urnas definirá si el continente se doblega al nuevo orden impulsado por Estados Unidos y su Escudo de las Américas, o si continúan las voces de rebeldía que hoy se oponen al injerencismo norteamericano.
Por: Luis Roberto Chagra
El Diario de Minatitlán