Es curioso que la administración de Donald Trump no haya dado a conocer del todo los temas tratados y sus conclusiones, particularmente si lo contrastamos con los resultados de la reunión entre Vladímir Putin y Xi Jinping.

¿El arte de la guerra o de la negociación?

PANORAMA GEOPOLÍTICO

En febrero de 1972, Richard Nixon aterrizó en Beijing para reunirse con Mao Zedong, un evento celebrado en su momento como un triunfo de la diplomacia estadounidense. Décadas después, los historiadores coinciden en que quien realmente salió fortalecido de ese encuentro fue China. El 13 de mayo de 2026, Donald Trump repitió el gesto, y la historia amenaza con repetirse.

Detrás del protocolo diplomático, el verdadero indicador del éxito está en las concesiones que se hicieron a puerta cerrada. El sector tecnológico está al centro de estas. Acompañado de los empresarios más importantes de Estados Unidos, Donald Trump, fiel a su enfoque transaccional, llegó con la intención de obtener victorias tangibles frente a las elecciones intermedias de noviembre para capitalizarlas políticamente. Xi Jinping, por su parte, operó sin presiones aparentes, con la paciencia estratégica que lo caracteriza, asegurando sus objetivos a largo plazo.

Es curioso que la administración de Donald Trump no haya dado a conocer del todo los temas tratados y sus conclusiones, particularmente si lo contrastamos con los resultados de la reunión entre Vladímir Putin y Xi Jinping.

¿Quién cedió más terreno en una agenda que abarcó desde la agricultura hasta la hegemonía tecnológica? En el ámbito comercial, Trump consiguió compromisos de compras masivas por parte de China, incluyendo 17,000 millones de dólares anuales en productos agrícolas y 200 aviones Boeing. Para Xi Jinping, la verdadera moneda de cambio no fueron los dólares, sino los minerales. Consciente de que Washington necesita tierras raras para reabastecer su arsenal militar mermado por la guerra en Irán y Ucrania, China usó su dominio en estas cadenas de suministro para negociar frente a las restricciones tecnológicas y la guerra de los semiconductores.

 

EL FACTOR TAIWÁN

En el plano geopolítico, el Indo-Pacífico sigue siendo el tema más delicado. La convivencia no será posible sin discutir las implicaciones que esta negociación tiene para Taiwán. Antes de viajar a Beijing, Trump declaró públicamente que mantendría firme la postura de Washington sobre el suministro militar a la isla. Al regresar, matizó diciendo que “no ha tomado una decisión”. Ningún acuerdo firmado, ninguna concesión formal. Sin embargo, un paquete de 14,000 millones de dólares en armas para la isla sigue en el aire y debatiéndose en el Congreso estadounidense.

 

EL CONTRASTE CON RUSIA

Cinco días después de la reunión de Donald Trump y Xi Jinping, Putin llegó a China con una agenda llena de objetivos y compromisos. El contraste no pudo ser más elocuente. Mientras Trump se fue sin una declaración conjunta y con acuerdos inconclusos, Putin y Xi firmaron decenas de convenios y una declaración sobre el advenimiento de un “nuevo orden mundial”. Aunque también existen líneas rojas para Rusia: el gasoducto Power of Siberia 2. A pesar de la urgencia rusa por amarrar esta infraestructura vital para su economía, Beijing alargó la negociación, evidenciando los límites que Xi impone frente a la economía de guerra rusa.

Trump necesitaba victorias para noviembre. Putin necesita a China para sobrevivir económicamente. Xi está en una posición desde la que no necesita nada urgente de ninguno de los dos y eso, precisamente, es la definición del poder. China opera en un terreno donde la fuerza bruta no decide al ganador. La superioridad militar estadounidense es indiscutible, pero esta guerra se está librando en términos comerciales e ideológicos, en donde el carácter y la inteligencia de los líderes tienen más impacto en la reconfiguración del orden mundial.

 

Por: Luis Roberto Chagra

 

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