En su primera visita a Mónaco, el jerarca católico llamó a utilizar la riqueza con responsabilidad.
El helipuerto de la Roca se convertía en el escenario de un acontecimiento que el Principado llevaba casi cinco siglos esperando. Bajo un sol radiante, el Papa León XIV aterrizaba para dar comienzo a su primer viaje apostólico europeo, una elección que subraya el peso espiritual y político de la nación de los Grimaldi.
SESIÓN SOLEMNE
Los príncipes Alberto y Charlene, visiblemente emocionados, han encabezado un recibimiento de Estado donde no han faltado las salvas de cañón ni el solemne repique de todas las campanas de Mónaco. La expectación era máxima no solo por la figura del Pontífice, sino por ver a la familia real al completo unida en una estampa de rigurosa etiqueta que escondía detalles estilísticos cargados de simbolismo.
Tras los honores militares, la comitiva se ha trasladado al Palacio de los Grimaldi, donde aguardaba la familia al completo en un despliegue de elegancia y tradición. Las cámaras han captado momentos de gran calidez, especialmente durante el encuentro del Santo Padre con los más pequeños de la casa, los príncipes Jacques y Gabriella.
Este encuentro no solo reafirma la fe del Principado, sino que se convierte en el mayor éxito diplomático del príncipe Alberto hasta la fecha, proyectando la imagen de Mónaco más allá de sus fronteras.
Agencias
Mónaco
El Diario de Minatitlán