La demócrata Emily Gregory ganó la elección especial en el distrito de Palm Beach que incluye a Mar-a-Lago. Gregory es nueva en la política. Palm Beach, el patio trasero de Donald Trump, será representado por una demócrata.

Alerta roja en Mar-a-Lago

POR: LUIS ROBERTO CHAGRA

Como lo advertí en mi columna “Operación Furia Épica: radiografía de un desastre electoral”, la Guerra de Irán ya está teniendo consecuencias tangibles para Donald Trump de cara a las elecciones intermedias más importantes de los últimos años. La popularidad del presidente está en su punto más bajo, la aprobación del Congreso republicano está en caída libre y se están activando las alarmas en todos los estados que se encuentran en juego en noviembre.

Las elecciones especiales del martes en Florida son la señal más clara hasta ahora de lo que se puede esperar a finales de este año. Florida ha pasado de ser un estado púrpura, es decir, un estado competitivo que votaba por demócratas y republicanos dependiendo del contexto, a un estado rojo carmesí. El Partido Demócrata ha padecido una pésima organización estatal y un desencanto de la población latina de la entidad. La popularidad del gobernador Ron DeSantis y la migración de adultos mayores y retirados han hecho de Florida un bastión conservador. Esto hace que lo ocurrido la noche del martes sea nada menos que un milagro político y un canario en la mina para los republicanos. De las tres elecciones especiales más importantes, dos fueron victorias demócratas.

La demócrata Emily Gregory ganó la elección especial en el distrito de Palm Beach que incluye a Mar-a-Lago. Gregory es nueva en la política y, detalle crucial, esposa de un militar en retiro, una condición que le permitió capitalizar el profundo descontento del electorado frente a la escalada bélica. Este distrito fue ganado por Trump en 2024 por aproximadamente 9 puntos. Gregory ganó por poco más de 2 puntos: un giro a la izquierda de 10 puntos. Palm Beach, el patio trasero de Donald Trump, será representado por una demócrata.

Desde 2025, los demócratas han volteado 30 asientos republicanos en elecciones especiales. Los republicanos no han conseguido voltear uno solo. Los datos no mienten: de acuerdo con la más reciente encuesta de Fox News, publicada esta semana, el 64% de los estadounidenses desaprueba el manejo de la Guerra de Irán, mientras que la desaprobación general del presidente alcanzó el 59%, el nivel más alto de cualquiera de sus dos mandatos. Donald Trump está reprobado en inflación, economía, salud pública y política migratoria.

Aunque el Partido Demócrata también está pasando por una crisis identitaria y una desaprobación histórica, el partido en el poder es quien resiente el voto de castigo, particularmente por cuestiones económicas.

Ante este panorama de desgaste, la verdadera crisis republicana se asoma: la disciplina partidista está fracturada. Debido a los números de registro partidista, matemáticamente la victoria de los candidatos demócratas en Florida no pudo haber ocurrido sin que un importante porcentaje de conservadores votara por ellos. Si los distritos seguros comienzan a caer, ¿qué les espera en noviembre?

Los errores tácticos y la impopularidad doméstica de la Casa Blanca han erosionado la coalición trumpista. El Congreso está perdido; solo queda el Senado, donde la suerte podría favorecer a los republicanos debido a los estados en donde se celebrarán elecciones. La situación es tan crítica que estados antes considerados seguros para los conservadores serán decisivos: Texas, Maine, Carolina del Norte, Georgia y Ohio.  Ya no está en duda: noviembre será un referéndum que hará cimbrar a las cúpulas partidistas estadounidenses.

PANORAMA GEOPOLÍTICO

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