LA TRADICIÓN DEL DÍA DE REYES

El 6 de enero se celebra en el calendario civil el Día de Reyes, cuyo origen está vinculado al nacimiento de Jesús y a la adoración por parte de los Reyes Magos. En nuestro país esta celebración ha dado origen a dos tradiciones muy arraigadas: la entrega de regalos a los niños y la partida de la rosca de Reyes.

El tradicional “regalo de Reyes” a los niños tiene sus raíces en el episodio de los dones ofrecidos por los magos al niño Jesús, relatado en el evangelio de San Mateo. Tras su nacimiento en un humilde pesebre de Belén de Judá, llegaron unos magos de Oriente guiados por una estrella que iba delante de ellos. Cuando se posó sobre la casa donde estaba el niño, encontraron a Jesús con su madre. “Se postraron para adorarlo y abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”.

PARTIDA DE ROSCA

El 6 de enero también se acostumbra consumir una rosca de pan, en cuyo interior lleva escondidos varios muñequitos de plástico. Las personas que encuentran estas figuras, deben invitar los tamales y el atole o champurrado el 2 de febrero, cuando se celebra la fiesta de La Candelaria o la presentación del niño Jesús en el templo, a los 40 días de haber nacido.

Algunos autores, como Julio Caro Baroja, sitúan el origen de la rosca de reyes en la época del imperio romano. Afirma que en las saturnalias, es decir, en las fiestas celebradas anualmente en honor a Saturno, “ya se hacían pasteles o tortas con formas especiales que pudieran relacionarse con nuestra rosca de Reyes”.

Otra versión indica que en el siglo XI, en pueblo de Besanzón, al Este de Francia, los canónigos acostumbraban “echar la suerte de su futuro representante por medio de esconder en un pan una pequeña pieza de plata”. Esta costumbre se extendió a otros capítulos religiosos y a la población laica de Francia, con algunas modificaciones: “el pan se convirtió en torta o bollo y la pieza de plata en pieza de oro, entre los ricos, y en haba, entre las familias pobres”. Con el tiempo, la torta o bollo se transformó en una gran torta que recibió el nombre de “pastel del haba”.

La tradición se propagó a España y más tarde llegó a nuestro país, con algunas modificaciones. Por ejemplo, en lugar del haba se le colocaron a las roscas muñequitos de porcelana, sustituidos actualmente por figuras de plástico que simbolizan al niño Jesús.

Por: Florentino Cruz Martínez*

*Cronista de Cosoleacaque

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