El 11 de diciembre de 1850 el vapor Alabama, contratado por la Tehuantepec Railroad Company, zarpó de Nueva Orleans rumbo a Minatitlán, con escala en el puerto de Veracruz. Viajaba a bordo el mayor John G. Barnard, quien dirigió una expedición para explorar una ruta interoceánica por el istmo de Tehuantepec. El primer viaje del Alabama fue descrito por su comandante, el capitán R. W. Foster…
“Salimos de Veracruz el día 24 [de diciembre de 1850] para Minatitlán, hermoso pueblo en que estamos actualmente acampados. La distancia no excede más de 120 millas, que el Alabama franqueó en un día. Todos los habitantes se han apresurado a salir y darnos la bienvenida, cogiéndonos con tres salvas de aplausos que les hemos pagado en igual forma. Nuestra llegada había sido anunciada por el cañón…
Llegado el Alabama, fue amarrado, y todos los hombres saltaron a tierra, donde se mezclaron con los habitantes del pueblo para celebrar la Nochebuena. Por la noche se dio un fandango a bordo del vapor, a las señoras y caballeros de Minatitlán; lo menos había cien personas de cada sexo, y la fiesta se prolongó hasta muy entrada la noche. Al día siguiente los habitantes pagaron el baile a la expedición americana…
Está situado sobre la ribera izquierda del Goatzacoalcos a 34 millas más arriba de la embocadura. El sitio es delicioso, formado como lo está de pequeñas montañas cuyos limpios manantiales vienen a regar sus pies. Las construcciones son viejas y revelan el ensayo de colonización que en otro tiempo hicieron los franceses.
Los perros son innumerables. Estamos acampados en medio del pueblo, y sin embargo, cuando nos sentamos a almorzar, es necesario que nos proveamos de una buena porción de piedras para espantar a estos molestos convidados. El país abunda en cerdos, caballos, vacas, borregos y bueyes; y el campo todo rebosa de caza. Las mujeres son notablemente hermosas.
El pueblo presenta en este momento un aspecto muy animado. Tenemos aquí al mayor Barnard, y en expedición, al capitán Carlos R. Webster, cónsul de los Estados-Unidos en Tehuantepec, al doctor [James A.] Pleasants y otras muchas personas de Nueva Orleans: los hombres y las mujeres se pasean libremente por las calles todo el día y toda la noche.
La navegación del río puede hacerse con seguridad hasta Minatitlán aún por los buques de mayor porte; para los de cala ordinaria puede extenderse 40 millas más arriba. La corriente, libre enteramente de barras y bajíos, ofrece ventajas que en nada ceden a las de cualquiera otro río de igual anchura en los Estados-Unidos.
Todavía se hará un reconocimiento más escrupuloso del punto de partida de la navegación. Todos los que residen aquí están convencidos de la practicabilidad del istmo; de modo que con solo establecer mulas de transporte y vapores del otro lado del Pacífico, la circulación será inmensa dentro de poco”.
Ilustración: “Minatitlán”, Harper´s Weekly…, 15 de enero de 1859, p. 41.

POR: FLORENTINO CRUZ MARTÍNEZ*
*CRONISTA DE COSOLEACAQUE
El Diario de Minatitlán