Posadas Navideñas, la tradición más mexicana

Las Posadas no son otra cosa que la Novena de Navidad, por eso inician 9 días antes del nacimiento del niño Jesús.

Las Posadas Navideñas son una tradición muy mexicana, cuyo origen se remonta a los primeros misioneros evangelizadores venidos de España a México-Tenochtitlán, principalmente a los misioneros agustinos.

Estos religiosos se establecieron en el pueblo de San Agustín Acolman, en el Estado de México, muy cerca de Teotihuacán, y fue en ese lugar donde se originó la práctica de las Posadas a finales del siglo XVI.

EL ORIGEN DE LAS POSADAS

Para comprender cómo se establecieron las fechas de las Posadas, es importante conocer primero su origen.

El Padre José Luis Fernández Martín, sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México, en su libro “La Navidad en México, orígenes y celebraciones“, explica que, antes de la llegada de los españoles, nuestros antepasados celebraban las fiestas en honor de Huitzilopochtli, prácticamente durante todo el mes de diciembre.

“Con la llegada del solsticio de invierno, el pueblo se congregaba en los patios de los templos iluminados por enormes fogatas, atizadas a veces con maderas perfumadas”.

La noche del 24 de diciembre, y al día siguiente, el 25 de diciembre, había fiestas en todas las casas, donde se obsequiaba comida a los invitados, así como pequeños ídolos elaborados con pasta comestible.

¿POR QUÉ SON 9 DÍAS Y CÓMO SE ESTABLECIERON?

Fue entonces que a los misioneros agustinos se les ocurrió aprovechar la coincidencia de fechas para introducir la celebración del Nacimiento del hijo de Dios.

Y de esta manera, en lugar de celebrar los días de las fiestas prehispánicas, introdujeron el novenario de José y María. “Es decir, utilizaron para esto la representación del peregrinar de José y María, de Nazaret a Belén, para cumplir con el deber de empadronarse, ordenado por el emperador romano César Augusto”, dice.

Y agrega: “Para celebrar las Posadas se escogieron los últimos nueve días antes del nacimiento del niño Jesús. Por ello, esta representación o petición de posada, comienza el día 16 de diciembre y finaliza el 24, último día de la novena“.

PERFECTA INCULTURACIÓN

En 1587, el superior del convento de San Agustín de Acolman, fray Diego de Soria, obtuvo del Santo Padre Sixto V la  autorización para celebrar en la Nueva España las Misas llamadas de “aguinaldo”, del 16 al 24 de diciembre, y que se llevaban a cabo en los atrios de las iglesias.

Entre las Misas se intercalaban pasajes y escenas de la Navidad; asimismo, para hacer más atractivas estas celebraciones, se les agregaron luces de bengala, cohetes y villancicos. Con el paso del tiempo se fusionó el sistema catequístico franciscano de la piñata.

Posteriormente, de los atrios y patios de las iglesias y conventos, pasaron las Posadas a los barrios y vecindades, en donde se añadió el famoso ponche, bebida típica navideña hecha de frutas.

“Burrito Sabanero” el tema venezolano que conquistó al mundo

Desde las misas de aguinaldo hasta las posadas y novenas, “El burrito sabanero” acompaña con su melodía entrañable las celebraciones navideñas en toda América Latina y más allá. Este emblemático tema, nacido en Venezuela, se ha convertido en un símbolo universal de la Navidad, hermanando a millones de personas a través de su ritmo alegre y su mensaje de esperanza.

Compuesto en 1972 por el maestro Hugo Blanco (también autor del célebre “Moliendo café”), el villancico fue inicialmente pensado para ser interpretado por Simón Díaz. Sin embargo, fue el grupo infantil La Rondallita, con la voz del pequeño Ricardo Cuenci, quien lo popularizó en 1976 con una versión que actualmente forma parte del imaginario colectivo de generaciones.

Desde el merengue de Elvis Crespo hasta el pop navideño de David Bisbal, pasando por el toque roquero del colombiano Juanes, este villancico ha sido reinterpretado por grandes voces de la música latina. Su versatilidad ha permitido que se adapte a géneros tan diversos como la cumbia, el reggaetón, la electrónica y el rock.

A décadas de su lanzamiento, “El burrito sabanero” continúa su camino, llevando alegría, identidad y ternura a cada rincón del planeta. Un testimonio vivo del poder de la música para unir culturas y corazones.

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