La decisión que definió un destino

OCOYOACAC, FINALES DEL OTOÑO DE 1810

Tras el triunfo del Monte de las Cruces, en el actual estado de México, y después de meditar profundamente sobre la conveniencia de invadir la ciudad de México, don Miguel Hidalgo decidió retirar sus fuerzas hacia Querétaro, era el 2 de noviembre de 1810.

Una de las incógnitas que muchos historiadores han tratado de resolver es porque el cura de Dolores, no ordenó el avance de sus tropas hacia la ciudad capital, que en aquella época tenía casi 180 mil habitantes.

Muchos han tratado de reconstruir e interpretar las circunstancias existentes y como pudieron influir en las decisiones tomadas por don Miguel Hidalgo.

Además según estos historiadores, la decisión de dejar de lado la toma de la enorme urbe fracturó el movimiento libertador al distanciarlo de Ignacio Allende.

Al parecer la principal razón fue la conducta del ejército insurgente, que saqueaba los sitios en que triunfaban y eso no lo podía tolerar el Cura Hidalgo le pasara a la ciudad de México.

Otros dicen que fue la forma en como había terminado la batalla anterior.

En el libro “Luchas por la Independencia” de Silviano Hernández; relata que Toluca cayó en poder de los insurgentes el 25 de octubre, luego el 30 de octubre los realistas con un ejército de casi 4,000 soldados, fueron derrotados en las alturas del Monte de las Cruces, por su lado el ejército libertador tenía cerca de 40 mil gentes.

Luego de luchar varias horas los pro-españoles se retiraron ante la abrumadora mayoría, pero a los insurgentes les provocaron cuantiosas pérdidas, los cuales por primera vez entraron en una batalla real, dejando en el campo de batalla alrededor de 10 mil muertos y hubo casi 15 mil deserciones.

Entonces Hidalgo, para evitar una masacre como la de Guanajuato en la Alhóndiga de Granaditas,  el 31 de octubre de 1810 envió una comisión formada por Mariano Abasolo y Mariano Jiménez con bandera blanca y escoltada por jinetes, que transitó el camino de Cuajimalpa hasta Chapultepec.

Ellos llevaban el encargo de entregar una nota intimidatoria al virrey Francisco Javier Venegas, que según el coronel Pedro García, incluía el siguiente párrafo. “Al terminar esta comunicación me dirijo a la Divina providencia, pidiéndole fervorosamente incline el corazón de vuestra excelencia a la moderación, al buen juicio, para resolver sin pasión, sino sólo consultando a la justicia y al derecho con que esta nación pide su independencia y libertad. Sangre y destrozo, dicha y felicidad para la América, son dos extremos, que entiendo elegirá vuestra excelencia el más humano, el más justo y racional, y mucho más cuando contemple detenidamente las consecuencias precisas de cada uno de ellos” (García, 1982: 86-87).

El virrey recibió la correspondencia de Hidalgo; pero la regresó sin respuesta y amenazó de muerte a los comisionados en caso de no retirarse de inmediato.

Les dijo que rechazaba capitular y al enterarse Hidalgo cambio el rumbo del movimiento.

En vez de tomar la capital del país, avanzaron hacia el Bajío para continuar la lucha, ahí comenzaron las desgracias de los insurgentes.

Otra razón es el desaliento ante tantas pérdidas y que tuvo como consecuencia las deserciones; lo que causó que muchos creyeran que habían fracasado.

Así la imposibilidad de saquear la ciudad de México le restó atractivo a la campaña y todo eso provocó el repliegue.

En el colmo, el encuentro imprevisto con la milicia del español Calleja en las inmediaciones de San Jerónimo Aculco causó una desbandada de muchas tropas bisoñas lo que agravó el desánimo de las tropas nacionales.

Nadie podía imaginar entonces que una oportunidad similar para asestar el golpe definitivo al régimen europeo no se repetiría sino hasta 1821, cuando el ejército Trigarante de Iturbide consumó la Independencia.

Por: Antonio Aceves

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