Estudió leyes en Nápoles, donde fue atraído por los movimientos anticlericales de la época y las corrientes espiritistas.
El pasado domingo 19 de octubre, el papa León XIV proclamó santo a Bartolo Longo, un abogado italiano que en su juventud fue sacerdote satanista, pero que tras una profunda conversión dedicó su vida a la Virgen María y a la promoción del rezo del rosario.
La ceremonia de canonización fue en la Basílica de San Pedro del Vaticano, ha despertado gran interés en la comunidad católica internacional, debido al impactante contraste en la vida del nuevo santo: de la oscuridad del ocultismo a la luz de la fe cristiana.
De abogado a sacerdote satanista
Bartolo Longo nació el 1 de febrero de 1841 en Latiano, una pequeña ciudad del sur de Italia, en el seno de una familia acomodada. Estudió leyes en Nápoles, donde fue atraído por los movimientos anticlericales de la época y las corrientes espiritistas que proliferaban durante la unificación italiana liderada por Giuseppe Garibaldi.
En medio de ese clima de rebeldía religiosa, Longo cayó en el satanismo, llegando incluso a ser ordenado como sacerdote del culto oscuro. Según se narra en el libro “Bendito Bartolo Longo: del satanismo a la santidad”, su salud física y mental se deterioró rápidamente. Pasó por periodos de enfermedad y desesperación hasta quedar, según sus contemporáneos, “reducido a piel y huesos”.
La conversión y el camino de fe
Gracias a la guía de varios sacerdotes dominicos, Bartolo renunció al ocultismo y volvió a la Iglesia Católica. “Renuncio al espiritualismo porque no es más que un laberinto de errores y falsedades”, habría declarado tras su conversión.
En 1871, ingresó como terciario dominico y dedicó su vida a difundir el rezo del rosario. Su transformación espiritual lo llevó a Pompeya, una ciudad marcada por la tragedia del volcán Vesubio, donde fundó el Santuario de Nuestra Señora del Rosario, que hoy recibe millones de peregrinos cada año.
Amor, servicio y obras
En 1885, Bartolo Longo se casó con la condesa Mariana di Fusco, quien compartía su devoción mariana. Ambos trabajaron incansablemente en obras de caridad: fundaron un orfanato para niñas y, más tarde, un instituto para hijos de prisioneros, combinando oración con servicio a los más necesitados.
Vivieron en castidad, dedicando su matrimonio a la oración y a la ayuda social. “La santidad puede florecer también en la vida cotidiana”, escribió Bartolo en una de sus cartas espirituales.
Un legado vivo en Pompeya
El Santuario del Rosario de Pompeya, fundado por Longo, es hoy uno de los principales centros de devoción mariana del mundo. En su interior, se conserva el cuerpo incorrupto del futuro santo, dentro de un sepulcro de vidrio.
Bartolo Longo murió el 5 de octubre de 1926 a los 85 años. Fue beatificado en 1980 por San Juan Pablo II, quien lo llamó “el apóstol del rosario”.
El paso final hacia la santidad
En febrero de 2025, el papa Francisco aprobó el milagro atribuido a la intercesión de Bartolo Longo, abriendo el camino a su canonización. La ceremonia será presidida este domingo por el papa Leo XIV, junto con la proclamación de otros seis nuevos santos.
Con esta canonización, la Iglesia Católica reconoce no solo su vida de oración y servicio, sino también su testimonio de redención y esperanza, símbolo de que ninguna oscuridad es tan profunda como para impedir el perdón y la transformación espiritual.

Venezuela tiene sus primeros 2 santos canonizados por León XIV
El papa León XIV canonizó ayer al médico José Gregorio Hernández y a la monja Carmen Rendiles, los dos primeros venezolanos proclamados santos.
El cardenal Marcello Semeraro, prefecto del dicasterio para las Causas de los Santos, leyó en voz alta los perfiles ante los aplausos de las 55 mil personas reunidas en el Vaticano.
Después, León XIV leyó la fórmula de canonización, el decreto con el que se les declara oficialmente santos.
José Gregorio Hernández Cisneros (1864-1919), fundó la Academia Nacional de Medicina y combatió la mortífera epidemia de gripe española. Atendió en vida de forma gratuita a pacientes pobres y, si hacía falta, les daba dinero para medicinas.
De bigote y expresión serena, vestido con impecable traje, corbata y sombrero, el milagroso doctor atendió en vida de forma gratuita a pacientes pobres y, si hacía falta, les daba dinero para medicinas.
Fallecido en 1919, su imagen está tatuada en la cultura popular de Venezuela, donde los más devotos no solo lo veneran, sino que imitan su vestimenta como un acto de fe.
De su parte, Carmen Elena Rendiles (1903-1977) fue una monja nacida sin brazo izquierdo que superó su discapacidad para fundar la Congregación de las Siervas de Jesús.
Venezuela recibió el momento con una verdadera fiesta. Miles de personas pasaron la noche en vela en Caracas y celebraron el momento con vítores, lágrimas, risas y fuegos artificiales.
“Es una bendición para el país”, dijo a AFP Yesenia Angulo, que siguió la misa por una pantalla gigante frente a la Iglesia de Nuestra Señora de La Candelaria, donde reposan las reliquias del ya santo José Gregorio.
“Son dos santos en un mismo día para un país que ha atravesado una situación bien difícil”, dijo la creyente de 63 años, que atribuye al doctor el curarse de un cáncer.
AGENCIAS
MÉXICO
El Diario de Minatitlán