Los líderes estudiantiles subieron al balcón de un piso superior del edificio Chihuahua; nadie advirtió cuando de forma rápida y silenciosa un contingente armado y con un guante blanco en su mano izquierda (el batallón Olimpia) ingresó por la parte trasera del edificio…

La noche de Tlatelolco

CIUDAD DE MÉXICO, OTOÑO DE 1968

“Ahí estuve en ese balcón, viendo a la muchedumbre que nos miraba expectante y oyendo nuestras palabras”, es Daniel, un joven estudiante foráneo de la facultad de Medicina.

Es una tarde noche gris de octubre, las calles de la enorme ciudad se llenan de gente con carteles en la mano, otros traen el rostro cubierto mientras policías y granaderos aparecen por todas partes, se siente un ambiente tenso, es el mitin final de la marcha de protesta programada por el Consejo Nacional de Huelga (CNH) en una fecha cercana al inicio de los juegos olímpicos, un magno evento que involucró a los máximos dirigentes del país.

El presidente nacional y su gabinete están muy preocupados porque lo que parecía había disminuido de intensidad, al parecer está recobrando fuerza; la resistencia estudiantil y civil por el descontento ante la forma brutal y arbitraria de actuar del gobierno parece crecer, pero esta vez no será tolerada, ya que puede arruinar el desarrollo de las olimpiadas que se celebrarán ante los ojos del mundo, así las autoridades deciden crear en secreto grupos paramilitares de choque para contener los disturbios que se aproximan, uno de ellos es el batallón “Olimpia” que será protagonista las próximas semanas, “hay que cortar de raíz el problema, antes que se vuelva incontrolable” es la consigna para ellos.

Daniel no lo sabe pero su vida está en grave peligro, las autoridades tienen una operación planeada para aplastar su protesta contra el gobierno, la tragedia está a punto de caer sobre las personas presentes en la plaza pública de Tlatelolco.

Todo comenzó al parecer el 22-23 de julio de 1968 cuando alumnos de las preparatorias Voca 2 y 5 del IPN tienen una pelea campal con los de la prepa “Isaac Ochoterena” de la UNAM y son reprimidos con exceso de fuerza por la policía, lo que provoca que se eleven protestas de las agrupaciones estudiantiles de ambas casas de estudio, así inician las marchas para manifestarse en contra de la gran represión, en un principio solo participaron estudiantes pero con el transcurso de los días y luego de las semanas se agregaron otras organizaciones políticas, sociales y hasta de otros estados para reclamar que se respeten sus derechos y se atiendan las demandas, de cientos pasan a ser miles que invaden las calles de la enorme megalópolis y el gobierno capitalino ante el caos creado envía piquetes de policías para controlarlos, también el ejército interviene con numerosos  granaderos, pero no pueden y todo empeora cada vez más y se acercan los juegos olímpicos.

Durante el mes de agosto se llevaron a cabo enormes manifestaciones que desbordan a los policías y granaderos, pero luego varios desacuerdos internos en el CNH provocaron que disminuyeran las protestas y la tranquilidad volvió a las calles, mientras las autoridades respiraban aliviadas, pero a mediados de septiembre otros líderes políticos externos infiltrados en el movimiento lograron que se retomarán las marchas para exigir al gobierno que se cumpla con las demandas planteadas, se acuerda efectuar una mega manifestación para el ya cercano Octubre con un mitin final en la plaza de las 3 culturas de Tlatelolco, al enterarse el mandatario nacional le ordenó a su secretario de gobernación que elimine las marchas de protesta, se decide aplastarlas mediante una atroz emboscada.

EL GRUPO DEL GUANTE BLANCO

Así esa tarde del 2 de octubre se realizó una enorme manifestación que terminó en la explanada de la citada plaza, luego los líderes estudiantiles subieron al balcón de un piso superior del edificio Chihuahua de la unidad habitacional, desde donde dieron un discurso a la multitud congregada, nadie advirtió cuando de forma rápida y silenciosa un contingente armado y con un guante blanco en su mano izquierda (el batallón Olimpia) ingresó por la parte trasera del edificio para tomar posiciones en el interior del inmueble y poco antes de las 6 pm varias unidades motorizadas del ejército se presentaron por un lado de la plaza (frente al edificio), de pronto llegó un helicóptero que voló sobre los manifestantes, soltó una bengala y se desató una nutrida balacera.

El grupo con guante blanco le disparó a la multitud y a los soldados que estaban a un lado de la explanada, entonces los militares agredidos contestaron accionando sus armas hacia donde provenian los tiros, en la gran confusión creyeron que era la gente reunida quien les disparó y la masacró sin piedad, la plaza se llenó de acribillados, muchos trataron de huir de la matanza, algunos lo lograron, los gritos y llantos de dolor se oían por todos lados, un río de sangre corrió por todo el pavimento, los soldados persiguieron y mataron a los que pudieron alcanzar, al final la cifra oficial informó sobre 32 muertos y algunos heridos. Las autoridades le restaron importancia a lo sucedido y lo minimizaron todo lo posible, ahora sabemos que murieron más de 500 y casi 300 heridos, la mayoría de los cadáveres se tiraron en fosas clandestinas por lo que nunca fueron recuperados y hubo una cifra desconocida de desaparecidos, los que fueron detenidos pasaron muchos años en cárceles dónde murieron, los que sobrevivieron recuperaron su libertad luego de mucho tiempo.

Lo ocurrido siempre será recordado como: “la noche de Tlatelolco”, el acto más vil y cobarde cometido por un gobierno mexicano y que nunca será olvidado ni perdonado.

Por Antonio Aceves

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