La batalla de esa madrugada es la única victoria de los mexicas sobre los invasores extranjeros.

Batalla de Tlacoapan

MÉXICO-TENOCHTITLAN: 2 AM, JUNIO 30, 1520

En medio de la oscuridad, solo iluminada por el firmamento estrellado, con una leve brisa la noche transcurre en silencio, con tranquilidad.

Tratando de hacer el menos ruido posible, un numeroso contingente de soldados y civiles caminan despacio y atentos por una estrecha pero larga calzada occidental de la gran urbe mexica que lleva a su salida por Tacuba.

Son los invasores españoles que abandonan furtivamente el gran palacio donde vivían.

Las cosas han ido de mal peor para los audaces conquistadores europeos desde la muerte de su único apoyo el Tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.

Aún no lo saben pero los dirigentes indígenas que aún sobreviven ya se han reunido y elegido a un nuevo supremo mandatario (Tlatoani).

Es Cuitlahuac, primo del fallecido Moctezuma, quien al contrario de su pariente, es un poderoso guerrero totalmente hostil a los hispanos y hace un plan para acabarlos.

Sabiendo que no pueden entrar a la fortaleza donde se aislan, para empezar los hostilizan con una disminución drástica del suministro de agua y alimentos que les dan, más tarde vendrá un ataque frontal para aniquilarlos

Las atrocidades y excesos cometidos por los comandantes ibéricos y sus tropas son imperdonables, como cuando asesinaron a decenas de civiles aztecas durante festejos religiosos, lo que ha hecho cambiar la actitud de los pobladores de la gran ciudad del Anáhuac, ya no los respetan, desean su muerte

Es por eso que Hernán Cortés no tiene otra que escapar de la “ratonera” donde se encuentra y con mucho sigilo se escapa con su gente en un momento que estima es el más apropiado.

Poco a poco dejan atrás el sitio donde se hospedaban y cruzan inclusive algunos puentes hechos por los hábiles constructores mexicas, que han convertido a su capital en una nueva “Venecia” afirman los admirados españoles cuando la contemplan, al atravesar por las alturas de los nevados volcanes.

Pero sin advertirlo los hispanos toman el camino equivocado, debieron ir por la calzada de Iztapalapa que entonces era un barrio no muy poblado y en cambio se internan por Tlacoapan, la cual tiene muchos habitantes.

Cuando llegan al cruce sobre el primer puente del canal de los toltecas o Tlaltecayohuacan son descubiertos por varias mujeres indígenas que están lavando su ropa en el canal.

Una anciana mexica que había salido a tomar agua en un cántaro los reconoce casi de inmediato y da la voz de alarma de que los “tehuani” están huyendo, todos se despiertan y un gran clamor se levanta en la zona.

Pronto empezó a sonar el tambor de piel de serpiente del templo de Huitzilopochtli y los españoles fueron alcanzados y rodeados por miles de embravecidos guerreros.

Entonces todo empeora para los angustiados y asustados hispanos, el grupo se rompe en varias partes y aunque la mitad del contingente logra alcanzar la salida por Tacuba, muchos han sido dejados atrás.

La situación se vuelve caótica para los que están “atrapados”, solo les queda luchar para vivir o morir, Cuitlahuac ordena: “matar sin prisioneros” a sus tropas, así aunque los ibéricos resisten, lentamente son abrumados.

En cuestión de minutos la laguna que rodea México-Tenochtitlan hirvió de canoas repletas de nativos armados de lanzas y flechas, en tanto desde las azoteas miles de guerreros atacaban la retaguardia, otros nativos cortaron los puentes a tierra firme, que estaban hechos de canoas amarradas unas con otras.

Se dice que lograron salvarse los soldados que prefirieron deshacerse de las joyas y oro que cargaban, en tanto que muchos de los que iban lastrados por armadura de acero, barras de oro y joyas murieron ricos.

Es una sangrienta batalla nocturna en una calzada trazada sobre el agua y atacados por miles de enemigos, a la vez por ambos flancos y por la retaguardia, la salvación sólo podía proporcionarla el valor o la suerte.

Hombres y caballos se ahogaron en las acequias y pozas, se perdió mucha artillería, los indígenas aliados de Cortés fueron masacrados (de más de mil tlaxcaltecas aliados sobrevivieron apenas un centenar) y la mitad de la tropa española quedó muerta y heridos casi todos los demás (Bernal Díaz del Castillo afirmó que murieron 860 cristianos, casi un tercio de los europeos), fue tal el desastre, que Cortés no pudo evitar llorar cuando se detuvo al abrigo de un árbol de Ahuehuete, al ver las pérdidas sufridas.

Por Antonio Aceves

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