Aldrin

Desde que el ser humano pudo mantenerse erguido, cientos de millones han mirado al cielo cualquier noche despejada, para quedar fascinados por la magnética esfera blanca llena de cráteres pero brillante, que cuelga como un adorno en la negrura espacial.

Muy pocos, sin embargo, saben lo que se siente estar y caminar sobre ella, sólo 12 hombres han podido contemplar el planeta Tierra desde su superficie, seres privilegiados -siete de ellos aun siguen vivos- que forman un club único y selecto: los MoonWalkers.

Edwin Eugene Aldrin Jr. fue el segundo en dejar su huella allá arriba, ya que viajó con sus compañeros Armstrong y Collins en el Apollo 11 durante aquel histórico julio de 1969.

Problemas en el aterrizaje, un cacharro con menos tecnología que una tostadora actual y el deber de ganar la carrera a los rusos fueron algunos de los obstáculos que superaron.

Algunos aún dudan de su proeza, hace unos años, un hombre le puso una Biblia enfrente y le pidió que jurase que había pisado la Luna.

Su respuesta fue: un puñetazo en la cara.

MEMORIAS DEL APOLLO

En “Carrying the fire”, las memorias que Michael Collins escribió sobre su experiencia en el Apollo 11, el astronauta lo retrataba asi: “Aldrin piensa como un campeón de ajedrez, siempre va por delante de ti; si no sabes de qué te está hablando, lo entenderás mañana, es un tipo duro, la fama no le ha sentado nada bien, no le gusta, hay dos tipos de astronautas: Aldrin… y el resto”.

La gente de la NASA lo recuerda pulcro y elegante, con fama de dandy, brillante en sus entrenamientos, con el uniforme impecable, su forma de ser corta y seca, porque no sabe moverse entre las luces públicas, un tipo que odia las alabanzas y palmaditas en la espalda.

Frío e impasible (en el momento del despegue del Apollo 11, su corazón apenas alcanzo las 110 pulsaciones), pero carismático sin duda.

Su apodo proviene de su hermana pequeña que, en vez de llamarlo brother, balbuceaba algo parecido a buzzer, es único varón de tres hermanos, su padre fue un petrolero de origen sueco, estricto y distante, su madre se llamaba Marion Moon, estudió en West Point, destacó como estudiante y atleta, fue piloto de combate en Corea, derribó 2 MIG-15.

DURO REGRESO A LA TIERRA

Cuando entró en la NASA, nadie pensaba que formaría parte del proyecto GEMINIS, pero en 1966 su compañero Charlie Bassett se estrelló en unas pruebas aéreas, Aldrin ocupó su lugar en el proyecto espacial, cuando su superior le comunico que el era uno de los tres elegidos, Buzz se lo comentó a su mujer -como de pasada- mientras comían, el fin de semana anterior al histórico despegue, se relajó desarmando un lavavajillas en su casa, como sino le preocupara nada.

Cuando volvió de su aventura lunar no pudo acostumbrarse a la gran fama que adquirió, se sintió incómodo ante la admiración popular y siempre dijo que no era lo único en su vida.

Se hizo polémico cuando en 1973 publicó un libro “Return to earth”, dónde mencionó los detalles que no le gustaron de su viaje a la luna, criticó a la NASA por haber privilegiado la ambición política sobre la científica y de haber arriesgado vidas enviando gente al espacio con una tecnología aun experimental (“Había que ganar a los rusos como fuera”), también contaba detalles chuscos, como que lo primero que hizo tras bajarse de la nave y contemplar la Tierra fue ir al baño.

Lo suyo no era la diplomacia, desde luego.

Al regreso, los tres astronautas fueron utilizados como propaganda del sueño americano y sometidos a una gigantesca gira publicitaria por todo el planeta, fueron tratados como estrellas de rock, Aldrin cuenta que fué cuando comenzó a beber y contó sobre las aventuras amorosas  de sus compañeros.

El regreso a la Tierra fue duro para todos, ya que a unos les dio por la mística; a otros por la pintura. James Irwin (ya fallecido), del Apollo 15, montó una secta ultra cristiana y organizo expediciones a Turquía en busca del Arca de Noé. Harrison Schmitt, del Apollo 17, hizo campaña en pro de la energía nuclear y de usar polvo radioactivo lunar como combustible.

Varios rompieron sus matrimonios.

Buzz prefirió refugiarse en la bebida, creyó que había sido utilizado por su país; se dejó barba, paso por un hospital psiquiátrico, sufrió depresiones y cambio varias veces de esposa, tenía 42 anos y había pisado la Luna.

Dirigió una compañía de seguros y una empresa de tv por cable, se convirtió en el perfecto antihéroe, el astronauta rebelde, escribió un par de novelas de ciencia-ficción.

Hoy, ha rehecho su vida junto a un nuevo amor, aparece en los medios y siempre es noticia.

Lo que nunca ha cambiado es el texto que acompaña su escueta tarjeta, tan sobria como el mismo: “Buzz Aldrin, astronauta”.

Por: Antonio Aceves

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