«A veces no hay para la tortilla, pero Dios nunca nos ha dejado»

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Aidé Guízar se hace cargo de sus cuatro nietos, quienes se quedaron huérfanos.

COSOLEACAQUE
MARI CARMEN ROSAS

A pasado un año y 4 meses del asesinato de Silvana Jazmín Rodríguez Guízar en la colonia Oaxaqueña.
Los hechos ocurrieron el pasado 4 de febrero 2019, en el municipio de Cosoleacaque, el cadáver de Silvana fue abandonado a la altura de la vía del tren.

Para Silvana Jazmín no hubo justicia y la familia no tuvo el recurso para exigirla.
La joven asesinada, era madre soltera y dejó 4 huérfanos que están creciendo al lado de la abuela.
Esteven, que hace poco cumplió 3 años, Oliver de 6, Silvana de 9 y Vanesa de 11.

Los pequeños son felices en esa humilde casa, que además cuenta con dos árboles frondosos que brindan sombra en tiempo de calor.

Los niños quedaron al resguardo de Aidé Guízar, la abuela materna, de 62 años de edad.
Aunque a veces en casa no hay para las tortillas como hoy, dicen ser felices.
Y es que en época de contingencia se ha complicado la situación.

“Tengo otra hija, que me apoya, ella es mamá de Said y tuvo que irse hasta Puebla a buscar alguna oportunidad, porque aquí empezaron pagándole la mitad del sueldo y luego se quedó sin trabajo, el niño se quedó conmigo”, recordó Aidé.

Era pasado del medio día del martes y los pequeños aún no habían desayunado, porque la harina para realizar unas tortillas se había agotado.

En la cocina quedaba solo un poco de ese guiso que algunas personas llaman “casamiento”, que es frijol y arroz, pero Aidé le añadió unos huevos.

Algo austero, nada extravagante, ni exótico, pero no había dinero para comprar la tortilla y que el platillo alcanzara para todos.

«La gente a veces viene y toca a la puerta, nos trae harina, frijol, arroz, aceite, o sopa, pero desde que empezó la pandemia todo cambió. Muchas de las personas que nos apoyaban se quedaron sin trabajo y ahora no pueden ayudarnos como antes”, mencionó.

Aidé se dedica a realizar costuras en su domicilio, calle Niño Artillero número 52 de la colonia El Encinal.
Por la contingencia dice que no hay clientes, “ya van dos meses que no realizo alguna costura”, lamenta.
Le prometieron becas, apoyo de alimentación o de salud, llegaron una vez y no volvieron a regresar, y del programa Federal de apoyo a los abuelos que cuidan a sus nietos sólo quedó en una propuesta.

Aún así Aidé no deja de agradecer a Dios por la vida, por sus nietos, porque pueden estar juntos en esa humilde vivienda en donde ha habido tristeza, pero también alegría.

“A veces no hay para la tortilla, pero Dios nunca nos ha dejado, solo hay que tener fe”, expresa Aidé mientras comen todos juntos en la mesa.

«La gente a veces viene y toca a la puerta, nos trae harina, frijol, arroz, aceite, o sopa, pero muchas de las que nos apoyaban se quedaron sin trabajo y ahora no pueden ayudarnos como antes”
Aidé Guízar

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